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INTRODUCCIÓN: Debemos creer en Dios, y nuestras acciones deben expresar esa fe. Sin duda nuestro me- jor y más potente mensaje es aquel que predicamos con nuestro estilo de vida; “Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte” (Filipenses 1:20).

La moderación es buena en cosas como el comer, el dormir, la recreación, los ejercicios y las finanzas. Pero cuando se trata de la guerra espiritual, la moderación es un pecado. Cuando se trata de creer la Biblia, la moderación es un pecado. Cuando se trata de amar al SEÑOR, la moderación es un pecado. Suponga que una esposa le pregunta a su marido:

“Cariño, ¿me amas?”, y que él responda: Sí pero, moderadamente.” ¡Ella le mandará a dormir con el perro!, ¿no le parece? Amigo, si el mundo le considera un “moderado” cuando se trata de su cristianismo, usted está bordeando la valla de la “tibieza”. Que Dios perdone a aquellos que no irán la segunda milla. Pídale a Dios que le ayude a ser un adorador apasionado y un osado evangelista en un mar de apática tibieza.

Amig@, si algo vale su vida cristiana, entonces es valiosa en todo. Mire hacia la cruz. Tome lo que ve allí, y deje que eso encienda una llama de osada santidad en su corazón. Siga adelante y proclame las Buenas Nuevas: ¡Jesús salva! y perseverar en medio de la adversidad o continuar el camino del Señor a pesar del desaliento o de la duda, evidencia la fe del cristiano en Dios. Jesús es nuestra fortaleza y vive en nosotros, por él podemos vencer

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